Rumiación: ¿Cómo dejar de darle vueltas a las cosas?

La semana pasada tratamos el problema de cuando nos preocupamos por todo con mucha frecuencia, esta semana estudiamos cómo solucionar cuando le damos la vuelta al mismo tema muchas veces en nuestra cabeza y tenemos los mismos pensamientos recurrentes.

¿Qué es la rumiación?

El término rumiación viene de las vacas, cuando cogen un trozo de hierba y se ponen a masticarlo, dándole vueltas y más vueltas sin llegar a tragárselo.

Esto mismo nos pasa a veces con nuestros pensamientos, que le damos vueltas y vueltas a la cabeza a lo mismo una y otra vez. El mismo pensamiento recurrente aparece repetidas veces a lo largo del tiempo. Eso quiere decir que estamos rumiando, tenemos un pensamiento circular que nunca digerimos.

Podemos identificar la rumiación porque nos damos cuenta de que hemos pensado exactamente lo mismo diferentes días y nos tiramos pensando en ello mucho tiempo seguido sin llegar a una conclusión clara.

Si sientes que te podría estar pasando, puedes pasar a apuntarlo para darte cuenta realmente de con qué frecuencia se te viene lo mismo a la cabeza y cuánto tiempo pierdes pensando una y otra vez en lo mismo.

¿Cómo saber si estamos «rumiando»?

¿Cómo reconocer que estamos dándole demasiadas vueltas al mismo tema? El proceso de pensamiento normal consta de cuatro pasos:

  1. Nos llega información nueva
  2. Analizamos la nueva información
  3. Llegamos a una conclusión
  4. Esas ideas se van de nuestra cabeza, solo nos queda la conclusión final.

Rumiamos cuando pensamos lo mismo sin información nueva. Simplemente masticar la misma información una y otra vez.

Una persona que está rumiativa se siente atrapado en un círculo, como un ratón dándole vueltas a la misma rueda durante horas.

Esto puede llevar a la falta de concentración, malestar, sensación de estaticidad y tension emocional. Toda nuestra energía se va a lo mismo y ese tiempo se desperdicia.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

¿Cómo dejar de darle vueltas a las cosas? Solución

Una vez que sepas que estás rumiando, toca darle solución.

Para ello vamos a averiguar las causas subyacentes. La rumiación puede aparecer por muchos motivos, pero uno muy común es incapacidad de perdonarse a uno mismo.

Todos hemos metido la pata hasta el fondo en más de una ocasión. Ya no puedes controlar qué ocurrió, solo puedes controlar cómo te comportas a partir de ahora, aprendiendo de ese fallo.

Y tener fallos no es algo malo per se, nos hacen mejorar y avanzar. Son una señal de que nos movemos y hacemos cosas, de que estamos viviendo la vida. Pero esos fallos se van acumulando si no eres capaz de perdonártelos.

Así que toca reconocer que hemos sido egoístas, que la hemos cagado, que hemos sido unos gilipollas. Hay cosas que no puedes resolver, ya lo hiciste, ya dijiste esas palabras, ya pasó ese momento.

Aprende de ello y, como dicen en inglés, move on. Sigue adelante.

En otros casos, la rumiación ocurre porque se confunde resolución con ejecución.

Puede que ya hayas alcanzado una resolución, pero lo que te da miedo es la ejecución, la decision esta tomada, ahora el problema es otro: Cómo ejecutarlo de la mejor manera.

Tal vez no sea el mejor momento, quizás quieras cortar una relación pero su padre está en el hospital y quieras esperar a que se recupere. Bien, tiene todo el sentido del mundo. Pero no estés rumiando de si le dejas o no, la decisión la tienes tomada.

Y cuando eres consciente de que la decisión está tomada (Si hace falta apúntala) nuestro cerebro se libera.

Si ves que un nuevo proceso de rumiación comienza y empiezas a darle vueltas a un tema, ponte una fecha para resolverlo. 15 minutos, 1 hora, un día. Pero si no hay datos nuevos, déjalo resuelto y toma una decisión tras ese tiempo.

Mi experiencia con la rumiación

Creo que a todos nos ha pasado, darle vueltas a un tema sin poder parar. Y lo peor es cuando la rumiación ocurre por la noche y no te deja dormir, llegando a causar trastornos del sueño.

A mi, lo que más me ayudó fue algo sencillo: libreta y bolígrafo.

Antes de irme a dormir, escribía todo lo que me venía a la cabeza sobre un tema que no podía parar de darle vueltas.

Escribiéndolo me daba cuenta de que no era tan grave como creía, que había aprendido mucho de esa situación y sentía cómo se iba liberando en mi cabeza.

Cuando me iba a dormir, no pensaba, me concentraba en mi respiración. No dejaba que el pensamiento entrase. Y si la rumiación empezaba, la cortaba de inmediato recordándome que ya estaba todo resuelto en mi libreta.


¿Y tú? ¿Conocías el concepto de rumiación? ¿Tienes otros métodos para solucionarlo? Cuéntamelo en los comentarios.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Si te ha parecido útil este artículo, recuerda que puedes apoyar al blog de muchas maneras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *