¿Qué es la deuda buena y deuda mala? ¿En qué se diferencian?

En este artículo hablo sobre deuda buena y deuda mala. Entenderlas y diferenciarlas será clave para el devenir de tus finanzas personales.

En nuestra vida probablemente nos toque contraer algún que otro préstamo. Todos hemos oído hablar sobre deudas, pero es importante saber diferenciar entre tipos de deuda, concretamente entre deuda buena y deuda mala. Esto marcará de por vida tus finanzas personales.

¿Qué es la deuda buena?

Arquímedes dijo «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo» gracias a la aplicación de la palanca, donde logramos mover objetos más pesados de lo que seríamos capaces de levantar a pulso.

Eso precisamente es la deuda buena. Te permite aumentar tus ingresos estables a lo largo del tiempo usando una fuerza de la que ahora mismo no dispones.

Con la deuda buena compras activos, los cuales te ayudan a generar más dinero.

Podemos dividir la deuda buena en dos principales campos: Deuda para formación (o inversión en uno mismo) y deuda para inversión.

En la deuda para formación entraría, por ejemplo, pedir un préstamo de 5.000€ para hacer un máster que te permita acceder a un trabajo con un sueldo de 500€ más al mes. En 10 meses lo tendrías amortizado y después ya serían ganancias para toda la vida.

No he contado el coste en tiempo por simplificar y porque he supuesto que disfrutas tanto haciendo el máster que lo haces encantado en tu tiempo libre como un hobby. 😉

En inversión el mejor ejemplo sin duda es la deuda hipotecaria. Contraes una deuda a largo plazo con el banco para que te de cada mes la renta de tus inquilinos. Si es para vivir tú, dejas de pagar alquiler y tienes en propiedad una vivienda, por lo que es un enfoque similar.

Piénsalo bien: Estás generando unas ganancias de alquiler sobre el coste total de la vivienda, pero tú sólo has pagado un porcentaje de la misma.

La deuda hipotecaria es un gran camino para hacer crecer tu patrimonio, siempre que tengas dinero suficiente para hacer frente a todos los inconvenientes que puedas tener, como que se vayan los inquilinos, incrementen los impuestos o vengan nuevas derramas.

La deuda buena es una herramienta muy útil, pero tienes que tener cuidado y no endeudarte más de lo que te puedas permitir.

Incluso si tienes el dinero suficiente para pagar el piso de una vez, si te ofrecen una hipoteca con interés muy bajo, te puede salir rentable pagar únicamente la entrada, no descapitalizarte e invertir el resto del dinero en otros productos como fondos indexados.

Esta operación te compensaría si la rentabilidad que vas ganando con tus inversiones supera a los intereses extra que tienes que pagar.

Pero que contraigamos una deuda para formación o inversión no quiere decir necesariamente que haya sido una buena decisión. Aquí van algunos ejemplos:

Adquirir una deuda para comprar acciones de una empresa que parece que va a subir mucho, es una mala decisión. El mercado es impredecible y solo debes invertir el dinero que estás dispuesto a perder, especialmente en una apuesta a una sola empresa.

Tampoco debemos de caer en la trampa de autoengañarnos: Si quieres trabajar en tu proyecto online, no te excuses en ello para financiar el mejor portátil del mercado cuando el que tienes, aunque vaya un poco lento, funciona perfectamente y podrías trabajar con él.

Hay que valorar si esa deuda nos va a salir rentable o no. Es decir, si con ese portátil mi productividad va a subir tanto que se va a pagar solo. De lo contrario no se podría catalogar como deuda buena.

En definitiva, la deuda buena es una herramienta muy útil para hacer crecer tu patrimonio y tus activos, que además se beneficia mucho de la inflación que tanto gusta a la clase política (la deuda vale menos). Pero siempre tienes que usarla con cuidado y midiendo los posibles riesgos en caso de escenarios adversos.

¿Qué es la deuda mala?

La deuda mala son los préstamos que tomamos para comprar pasivos, es decir, productos de consumo o servicios que no nos van a proporcionar más dinero. 

Ejemplos de préstamos tóxicos podrían ser financiar un viaje, un televisor nuevo o un móvil a la última.

Este tipo de préstamo financia productos que ahora mismo no nos podemos permitir, que se suelen comprar por capricho. En lugar de ahorrar hasta tener el dinero suficiente para adquirirlos al contado, se contrae una deuda para obtenerlo lo antes posible, comprometiendo las finanzas de nuestro futuro yo.

Mientras que el ahorro es posponer consumo presente para tener más en el futuro, la deuda mala hace todo lo contrario: consumes ahora y pagarás más (o mucho más, dependiendo de los intereses) en el futuro.

Esta actitud de quererlo todo cuanto antes es muy peligrosa, ya que te puedes acostumbrar a este estilo de vida lo cual genera un efecto de bola de nieve donde las deudas se pueden descontrolar y estar esclavizado durante muchos años, sobre todo si utilizas tarjeta de crédito con sistema revolving.

Un escenario que tiene que hacer que se te salten las alarmas es cuando el tiempo del préstamo supera al tiempo de vida del producto, por ejemplo financiar un teléfono móvil dos años y cambiarlo cada año y medio, o financiar un viaje de una semana al Caribe durante 10 meses.

También hay financiaciones muy baratas o directamente sin intereses. Pero pregúntate si de verdad necesitas comprar un producto que no eres capaz de pagar al contado.

La deuda mala hay que evitarla a toda costa. Ahorra previamente para pagar tus pasivos y no comprometas tus finanzas futuras.


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